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El sr. Monk es un fugitivo es el decimoquinto y el decimosexto episodio de la sexta temporada de Monk. Es una de las tres entregas dobles que hay en toda la serie.

ArgumentoEditar

1ª parteEditar

El sr. Monk es un fugitivo (1ª parte)
Fugitivo1.png
Información
Número de episodio: 6.15 (92)
Título original: Mr. Monk is on the run (part I)
Guionista: Tom Scharpling
Director: Randy Zisk
Duración: 43 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 15/02/2008
Episodio anterior: El sr. Monk pinta su obra maestra
Episodio siguiente: El sr. Monk es un fugitivo (2ª parte)

Monk y Natalie se reúnen con Stottlemeyer y Disher en una tienda de electrónica que ha sufrido un robo. Los artículos desaparecidos podrían ser utilizados para fabricar una bomba. De hecho, hay un parecido chocante con los componentes del explosivo que mató a Trudy Monk. Sin embargo, lo más perturbador es la palanca que el ladrón ha dejado caer; tiene las huellas de un hombre de seis dedos: el hombre que colocó la bomba en el coche de Trudy. También se ha encontrado una nota que reza: "para forzar al Cielo, Marte tendrá un nuevo ángel".

Esa noche, en un sueño, Monk ve a Trudy subiéndose a su coche. El detective corre hacia ella, intentando salvarla; pero Trudy arranca el motor y el coche explota, matándola.

Al día siguiente, Natalie sigue intentando descifrar el mensaje de la nota. Monk se da cuenta de que su cartón de zumo pesa unos cien mililitros menos que el día anterior, y acusa a Natalie de habérselo bebido. Ella lo niega. Viendo los intentos de Natalie de descifrar la nota, Monk tiene un súbito golpe de emoción: ha descubierto lo que significa el mensaje. Natalie está a punto de llamar al capitán cuando Monk se calma y advierte que se ha equivocado, que ha sido una falsa alarma.

Natalie tiene que asistir al recital de danza de Julie. En cuanto se queda a solas, Monk corre a su armario, saca su pistola de su caja fuerte, y la carga.

Monk toma un autobús hasta el condado de Ángel, concretamente hasta un almacén de figuras de jardín. El detective ha comprendido que el mensaje cifrado es en realidad la dirección del almacén. Una vez dentro, el hombre de seis dedos aparece, anunciando que acaba de volver de Riverton. El asesino pide su dinero; pero, al mirar a Monk desde más cerca, comprende quién es. Monk le ataca, tirándole al suelo y apuntándole con su pistola. Le ordena que le revele el nombre de su contratante, pero el hombre de seis dedos se niega a hablar: si abre la boca, le matarán.

Se produce un disparo, y el hombre de seis dedos muere. Impactado, Monk mira la pistola en su mano. Justo entonces, el sheriff del condado, Rollins, llega para arrestar a Monk. Rollins explica que el nombre de la víctima era Frank Nunn, y que acababa de regresar de Brasil después de haber pasado allí ocho años. Monk jura que no le ha matado, pero Rollins se niega a creerle.

Después de haber sido procesado en la comisaría, Monk es acusado de asesinato. Durante la audiencia (con unos nerviosos Stottlemeyer, Disher y Natalie como testigos), se presentan las pruebas ante el juez: Monk tenía un móvil poderoso, y la bala que mató a Nunn coincide con su pistola. Además, Monk admite que la pistola es suya, que la llevó hasta la escena del crimen, y que nunca abandonó su bolsillo. El fiscal pide que Monk sea encarcelado sin fianza, pero el juez hace lo siguiente mejor: fija la fianza en 900.000 dólares (cifra que, por petición del propio Monk, acaba ascendiendo a un millón exacto).

En el vestíbulo de los tribunales, Monk, Natalie, Stottlemeyer y Disher tratan de encontrar un modo de cubrir la fianza. La lealtad de los amigos de Monk es evidente: Stottlemeyer se ofrece a vender su casa, y Natalie su coche. Rollins aparece e interrumpe la conversación, anunciando que es hora de irse. Monk pide unos segundos para poder abrazar a Natalie, y así lo hace (robándole, al mismo tiempo, su tarjeta de identificación).

Después de haber subido a la parte trasera de una furgoneta, Monk pasa la tarjeta de Natalie por la ranura de la puerta. De este modo, sin que nadie más se dé cuenta, impide que la puerta se cierre. De camino a la cárcel del distrito, Monk escucha que Rollins está diciéndole a su lugarteniente que bebe zumo todos los días. El detective comprende lo que está ocurriendo, y salta de la furgoneta, corriendo después hacia el bosque.

Cuando se da cuenta de lo que ha pasado, Rollins organiza una persecución; y Stottlemeyer y Disher se unen a ella. Insisten en que no es necesario que los agentes vayan armados, pero Rollins opina que Monk está comportándose como un sospechoso muy culpable.

Después de haber atravesado el bosque, Monk llega a una gasolinera e intenta robar un coche. Sin embargo, no lo consigue porque el volante está bloqueado por un candado. Rollins llega poco tiempo después, y comprende que Monk está regresando hacia San Francisco.

El sheriff no tarda en conseguir una orden del subgobernador, y así se dispone a localizar a Monk. Stottlemeyer descubre que Rollins y el subgobernador fueron muy amigos en el instituto (fumaban cigarrillos a escondidas). Esto hace que el capitán comience a sospechar un juego sucio.

Entretanto, Natalie llega a su casa y nota que todos los contenidos de su frigorífico han sido perfectamente ordenados. De este modo, comprende que Monk se encuentra allí. El detective le pide agua, dinero y una muda de ropa. Disher entra en la casa, y Natalie intenta distraerle (preparando un batido con un taladro). Después de que el teniente se haya marchado, Natalie da a Monk todo lo que necesita; aunque la única muda de ropa que tiene es el antiguo uniforme de Mitch.

Así pues, Monk regresa al almacén de figuras, y descubre pistas que sugieren que una segunda persona estaba escondida detrás de una estantería. Cerca de allí, el detective encuentra también el precinto de plástico de un envase de zumo.

Rápidamente, llama a Stottlemeyer por teléfono y le explica todo lo sucedido: Rollins se coló en el apartamento de Monk, buscó su pistola, y cambió el cañón de esta por el de la suya propia. Estando allí, el sheriff saqueó el frigorífico del detective y se bebió un poco de zumo.

Sea lo que fuera lo que estaba haciendo Frank Nunn, Rollins debe de estar involucrado en ello. Consiguió imprimir las huellas dactilares de Nunn en la palanca de hierro, y luego la colocó en la escena del robo junto con la nota cifrada. De este modo, atrajo a Monk hasta el almacén de figuras, a solas. Rollins disparó a Nunn desde detrás de una estantería, a espaldas de Monk. Después de que el detective fuese arrestado, el sheriff volvió a cambiar los cañones, para que la bala que había matado a Nunn coincidiera con la pistola que Monk llevaba encima.

Por desgracia, lo único que Monk tiene hasta el momento es el precinto del envase de zumo; y esa no es una prueba suficiente.

Stottlemeyer explica a Rollins que Monk acaba de llamar, pidiéndole comida. Asegura que puede convencer a Monk de que se entregue, si Rollins le permite asumir el mando.

Con Rollins y Disher escondidos en los alrededores, Stottlemeyer se reúne con Monk en el muelle. Monk alcanza a ver a un agente escondido, se pone nervioso, y echa a correr. Stottlemeyer le persigue a lo largo del muelle. Entonces, Monk saca una pistola y dispara. Stottlemeyer le devuelve los disparos, alcanzando a Monk en el pecho. El detective cae hacia atrás, desapareciendo entre las olas del océano.

2ª parteEditar

El sr. Monk es un fugitivo (2ª parte)
Fugitivo2.png
Información
Número de episodio: 6.16 (93)
Título original: Mr. Monk is on the run (part II)
Guionista: Hy Conrad
Dan Dratch
Director: Randy Zisk
Duración: 41 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 22/02/2008
Episodio anterior: El sr. Monk es un fugitivo (1ª parte)
Episodio siguiente: El sr. Monk se compra una casa

Después de su desaparición en el océano, Monk emerge en una playa desierta, habiendo sobrevivido gracias a un chaleco antibalas. Stottlemeyer se reúne con él para darle dinero en efectivo y ropa. Asimismo, le aconseja que abandone San Francisco y no llame la atención hasta que él haya averiguado qué está tramando el sheriff Rollins.

Horas después, Disher da ánimos a Natalie en su casa, mientras esta mira el collage que ella y Julie han hecho con fotografías de Monk. Disher intenta explicar a Natalie que Stottlemeyer no tuvo otra alternativa que disparar a Monk, pero ella se niega a aceptar esto. El capitán no tarda en aparecer por allí, soportando a regañadientes el enfado de Natalie. Cuando esta anuncia que ha pedido un crédito para asegurarse de que Monk recibe el funeral que merece, Stottlemeyer se atreve a sugerir que quizás esté yendo demasiado lejos.

Entretanto, Rollins visita la morgue de la ciudad, dispuesto a examinar todos los cadáveres sin identificar que han sido encontrados recientemente. No habiendo hallado ningún rastro de Monk, el sheriff llama por teléfono a un hombre misterioso y le transmite sus sospechas.

Por su parte, Monk ha aceptado un puesto como lavacoches en Nevada, utilizando el sobrenombre de Leland Rodríguez. Su perfeccionismo innato ocasiona que tarde más de veinte minutos en limpiar cada coche, para disgusto de su jefe.

Posteriormente, en el motel en el que Monk se aloja, una de las empleadas llega para hacer la habitación. Viene en compañía de su cachorro Eureka. Monk le pregunta cómo puede dejar que su perro se mueva por la propiedad sin una correa, y ella explica que Eureka lleva un collar eléctrico que se activa cuando atraviesa una cerca, dándole una pequeña descarga. También sugiere a Monk que lea un artículo del periódico, sobre el atropello con fuga de un peón de carreteras.

En la comisaría de San Francisco, toda la brigada lleva brazaletes negros (en honor a la memoria de Monk). Rollins espera a Stottlemeyer en su despacho, y le revela que el cadáver que han rescatado del océano no es el del detective. El sheriff sospecha que Stottlemeyer ha falsificado la muerte de Monk, y anuncia que seguirá otra semana más en el caso (por si se rescata algún otro cuerpo). Stottlemeyer accede.

Después, el capitán explica a Disher que ha estado investigando a Rollins. Ha descubierto que tiene una casa en Catalina, un BMW, y dos cuentas bancarias en el extranjero; todo con el salario de un sheriff. Esto significa, obviamente, que Rollins está en la nómina de alguien que no forma parte de un tribunal de justicia. Rollins es un policía corrupto.

A la mañana siguiente, Monk nota que uno de los coches del túnel de lavado ha sido repintado, y lo vincula con la historia que ha leído en el periódico del atropello con fuga. De este modo demuestra que el propietario del coche es el asesino. En muy poco tiempo, la prensa de Nevada se refiere a Monk como "el Colombo lavacoches".

Natalie lee la historia en los periódicos y, enfadada, va a ver a Stottlemeyer. Este admite que ayudó a Monk a fingir su muerte, pero le advierte que nadie más conoce la verdad. Así pues, Natalie no puede hablar de ello con nadie; porque, quienquiera que le tendió la trampa a Monk, es muy listo e influyente.

Sin embargo, nada más salir de la comisaría, Natalie hace las maletas y pone rumbo a Nevada. Rollins, que ha estado observándola, se dispone a seguirla.

Natalie encuentra a Monk en el túnel de lavado, a altas horas de la noche. Contenta, corre a abrazarle. Sin embargo, la reunión es interrumpida por Rollins, quien les apunta con su pistola. Afortunadamente, Monk y Natalie consiguen distraerle y robarle las llaves del coche.

Después de haber huido en el coche de Rollins, examinan los documentos que hay en su maleta. Tras contactar por teléfono con Stottlemeyer y Disher (quien ya ha sido informado de todo), Natalie encuentra un cheque de 10.000 dólares destinado a una falsa organización benéfica, que a su vez procede de una fundación que es propiedad de... Dale Biederbeck.

Natalie visita a Biederbeck a solas, en su lujosa celda de San Quintín. Ella asegura saber que Biederbeck tiene en nómina al sheriff Rollins, y que ambos han inculpado a Monk. Biederbeck se niega a confirmar esas sospechas, pero decide grabar un mensaje para Monk. Ante la cámara de vídeo que la propia Natalie lleva en su bolso, Biederbeck saluda a Monk y le anuncia que, muy pronto, cambiarán las tornas.

Monk examina el mensaje, y nota que Biederbeck insiste en "cambiar de lugar" con él. Luego, se fija en una imagen del ordenador portátil de Biederbeck, que resulta ser un parte meteorológico de Riverton, California. Poco antes de que Rollins le matara, Nunn mencionó que acababa de volver de Riverton. Los periódicos dicen que el gobernador visitará esa ciudad por su centenario. Monk comprende cuál es el plan de Dale: han colocado una bomba en el coche del gobernador. Una vez que esté muerto, el subgobernador (que también está en la nómina de Biederbeck), le concederá a este la libertad y enviará a Monk a prisión.

Monk, Natalie, Stottlemeyer y Disher corren hacia Riverton justo cuando está celebrándose el desfile. Monk se fija en un perro que lleva un collar eléctrico, y nota que está reaccionando de un modo muy extraño al pasar por debajo de una pancarta cercana. Monk deduce que la bomba explotará cuando el coche del gobernador pase por debajo de dicha pancarta, bajo la cual habrá seguramente una línea eléctrica.

Rápidamente, Natalie corre hacia la pancarta e intenta desactivar el dispositivo. Mientras tanto, Stottlemeyer y Disher tratan de detener el desfile. Sin embargo, los agentes de Rollins les cortan el paso y permiten que el desfile continúe.

Monk, recordando que no fue capaz de salvar a Trudy, decide actuar y salta al coche del gobernador. Justo antes de que los guardaespaldas le alcancen, el detective retira las llaves del contacto. El coche se detiene a pocos metros de la pancarta. Stottlemeyer retira la bomba de debajo del coche y consigue desactivarla. Rollins es arrestado.

Finalmente, Monk y Natalie visitan a Biederbeck en su celda, que ha sido vaciada: se han llevado sus muebles, su teléfono y su ordenador, y han obligado a Biederbeck a dormir en una litera. Monk también menciona que su sesión diaria de manicura y su servicio de comidas han sido anulados, y que ahora Biederbeck se ve obligado a comer en la cafetería de la prisión, con los otros reclusos.

Rollins lo ha confesado todo ante el fiscal del distrito, esperando que esto reduzca su sentencia. El subgobernador también ha sido arrestado y procesado.

Biederbeck se mofa de Monk, indicándole que ha llegado a un callejón sin salida: con Nunn muerto, Monk jamás sabrá quién mató a Trudy. Sin embargo, el detective explica que la policía ha registrado el apartamento de Nunn, y ha encontrado unas cartas que hablaban de matar a Trudy. En las cartas se menciona el misterioso sobrenombre de "el Juez". Monk pregunta a Biederbeck si sabe algo del tema. Si es así, no parece estar dispuesto a decirlo.

Monk y Natalie se alejan, con Biederbeck gritando furioso a sus espaldas.

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

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