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El sr. Monk va a la cárcel
Cárcel
Información
Número de episodio: 2.16 (29)
Título original: Mr. Monk goes to jail
Guionista: Chris Manheim
Director: Jerry Levine
Duración: 44 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 05/03/2004
Episodio anterior: El sr. Monk se casa
Episodio siguiente: El sr. Monk toma Manhattan

El sr. Monk va a la cárcel es el decimosexto episodio de la segunda temporada de Monk.

ArgumentoEditar

Son las once y cuarto de la noche. En el Centro Penitenciario de San Juan, el prisionero Ray Kaspo está tomando su última comida. Se ha programado su ejecución a medianoche, después de que el tribunal federal haya rechazado su última apelación. Kaspo da un regalo de despedida a Abernathy, otro interno, y le dice que no se preocupe por él, ya que va a morir en paz.

Cuando está alejándose de la celda, Abernathy escucha un ruido y regresa rápidamente, justo para ver a Kaspo en el suelo, convulsionándose y expulsando espuma por la boca. Horrorizado, Abernathy anuncia al alcaide Christie que Ray Kaspo ha muerto envenenado.

Monk y Sharona son llamados a investigar la escena del crimen. El detective se muestra tan desconcertado como Stottlemeyer y Disher: Kaspo era un asesino convicto; solo los miembros de la familia de su víctima podrían quererle muerto, pero estos le habían escrito una carta diciéndole que le perdonaban. Además, nadie es capaz de entender por qué iba alguien a envenenar a un hombre, cuarenta y cinco minutos antes de su ejecución. Sharona propone que, a lo mejor, alguien temía que Kaspo confesara algo en el último momento; pero el alcaide no apoya esta teoría, alegando que el muerto ya había dicho todo lo que sabía. Abrumado por el ambiente de la cárcel, Monk pierde el interés en el caso. Ya está marchándose, cuando un guardia le detiene en la salida: alguien quiere hablar con él.

Monk y Sharona van a ver al interno más célebre de la cárcel: Dale Biederbeck, "la Ballena". El antiguo enemigo de Adrian parece haberse acostumbrado fácilmente a su nueva vida: sigue conservando su mobiliario de lujo, tiene un televisor, y un preso actúa como su sirviente personal. El obeso recluso explica que la policía sospecha de él por el asesinato de Kaspo (ya que este le debía 1.200 dólares). Monk sabe perfectamente que Dale no mataría a nadie por ese dinero, pero "la Ballena" sostiene que, hasta que el verdadero responsable no salga a la luz, el alcaide le negará su último privilegio: una ventana en la pared de su celda. Sharona quiere saber por qué diantre iba Monk a trabajar para Biederbeck. No tarda mucho en averiguarlo: si el detective resuelve el caso, "la Ballena" promete contarle todo lo que sabe acerca del hombre que mató a Trudy Monk.

Monk se reincorpora a la investigación. Comienza rastreando los últimos movimientos de la última comida de Kaspo. El alcaide Christie ya ha descartado a Abernathy como sospechoso. Monk visita la cocina de la prisión e interroga a los internos que prepararon la cena. Ambos parecen inocentes, pero el detective nota que la hoja de asistencias demuestra que Tucker (uno de los presos) no fichó la noche del asesinato. Abren el compartimento del congelador y dentro encuentran el cadáver de Tucker. En su bolsillo, el guarda encuentra un fajo de billetes. Ahora, es obvio que alguien pagó al preso para envenenar la comida de Kaspo.

Durante la investigación, Monk recibe una nota de Sylvia Fairbourn, una trabajadora social que enseña a los internos a leer. Ella dice que escuchó a Kaspo hablando con otro recluso, acerca de un "trabajo" llevado a cabo en Canadá. El recluso con el que estaba hablando era Spyder Rudner.

Monk decide ir de encubierto, haciéndose pasar por el nuevo compañero de celda de Spyder. Tanto Christie como Sharona se oponen al plan. Rudner, un asesino múltiple convicto, es uno de los internos más agresivos de la prisión: golpeó a su anterior compañero porque tocaba sus cosas. Aun así, Monk se mantiene firme, dispuesto a hacer cualquier cosa por Trudy.

Spyder regresa a su celda y allí encuentra a Monk, quien se hace pasar por un malversador de fondos. Debido a su obsesión por el orden, el detective ha estado tocando todas las pertenencias de Rudner. Justo cuando Spyder está a punto de matar a Monk, descubre que este ha afilado su cuchillo y lo ha escondido en un lugar mejor. Conmovido por la fotografía de Trudy que Monk ha pegado en su pared, Spyder acaba haciendo buenas migas con el detective.

Sharona habla con el forense de la prisión, quien revela que el veneno que Kaspo ingirió no solo le mató, sino que destruyó todos sus órganos. Como Kaspo los había donado a la medicina, el forense piensa que alguien estará muy decepcionado.

En la celda, Monk saca a relucir la relación de Spyder con Kaspo, pero el asesino prefiere hacer caso omiso. Cuando mira en su balda y ve que su reloj ha desaparecido, Rudner enfurece. Otra vez está a punto de matar a Monk, pero este jura que él no lo ha cogido, y le hace una oferta: él encontrará al ladrón, y a cambio Spyder le dirá todo lo que sabe acerca del difunto Kaspo.

El detective da un paseo por el patio de la prisión, donde es arrinconado por un recluso neonazi, Lody, y dos de sus compinches. Están a punto de agredir a Monk, cuando este sugiere que, antes de hacerlo, Lody podría devolver a Spyder su reloj. El neonazi teme a Rudner lo suficiente como para no hacerlo: a regañadientes, devuelve lo robado y deja que Monk se marche. Impresionado, Spyder decide contarle a Monk toda la verdad: nunca ha estado en Canadá, y nunca conoció a Ray Kaspo fuera de la cárcel.

Monk se reúne con Sharona y ambos van a ver a Fairbourn. El detective sospecha que esta le ha engañado, en un vano intento por que Spyder le matara. Sylvia, amablemente, asegura ser inocente. Mientras están hablando, uno de los reclusos se queja porque quiere cambiar el canal del televisor de la biblioteca, pero no encuentra el mando a distancia. En la televisión están emitiendo una entrevista con J. T. De Mornay, quien escribiera la exitosa biografía del multimillonario Lambert Lawson. J. T. admite que Lawson le había demandado por libelo, pero la demanda ha sido retirada tras la reciente muerte de este. Cuando Monk y Sharona se disponen a marcharse de la biblioteca, Sylvia se levanta de su silla para ir a ayudar a un interno. Escondido bajo su chaqueta, Monk encuentra el mando a distancia.

Tanto el detective como su enfermera comienzan a entender lo ocurrido, y llaman a Disher para que confirme su teoría. Mientras esperan, Sylvia llama (haciéndose pasar por la secretaria del alcaide) y anuncia que este quiere verle en el gimnasio de la prisión. Monk llega allí, solo, y pronto se encuentra arrinconado otra vez por Lody y los demás neonazis (todos secuaces de Sylvia).

Gracias a su formación médica, Sharona consigue hacer encajar todas las piezas, y explica lo sucedido mientras corre a salvar a Monk: Sylvia Fairbourn es en realidad la madre de J. T. De Mornay. A quien realmente quería matar Sylvia era a Lambert Lawson, quien había demandado a su hijo por millones de dólares. Lawson estaba muriéndose de una insuficiencia renal, y necesitaba un trasplante de Ray Kaspo (el único donante que tenía el inusual grupo sanguíneo de Lawson). El veneno de la última comida de Kaspo estaba destinado a destruir sus órganos internos, algo que una inyección letal no hubiera hecho. Sin sus riñones, Lawson simplemente moriría, y el hijo de Sylvia estaría a salvo.

Monk ha sido acorralado por Lody y su banda, en la lavandería de la prisión. Sin embargo, el plan de Fairbourn pronto falla: Spyder llega, ordenando a los neonazis que dejen en paz a su "amigo". Los nazis atacan, y Rudner se defiende de ellos; antes de que Sharona y Christie lleguen, acompañados de los guardias. Monk agradece a Rudner que le haya salvado la vida, pero parece algo decepcionado al saber que Sharona ya ha resumido los hechos.

Poco después, el detective y su enfermera se presentan de nuevo en la celda de Dale Biederbeck (quien ya ha conseguido su ventana). Regocijándose por el sufrimiento de Monk, Biederbeck le da dos detalles vitales acerca del asesinato de Trudy: en primer lugar, que la bomba que mató a la periodista era expresamente para ella. En segundo lugar, que el hombre que la fabricó, Warrick Tennyson, ahora reside en Nueva York.

Monk sale del centro penitenciario, aliviado por volver a ver la luz del día.

Horas después, Dale Biederbeck mira a través de su nueva ventana y ve un avión dirigiéndose hacia el este, hacia Nueva York. Sabiendo que Monk va a bordo, Dale se ríe para sí mismo: "Bon voyage, señor Monk".

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

Otros idiomasEditar

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