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El sr. Monk va al banco
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Información
Número de episodio: 6.12 (89)
Título original: Mr. Monk goes to the bank
Guionista: Hy Conrad
Director: Michael Watkins
Duración: 41 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 18/01/2008
Episodio anterior: El sr. Monk se une a una secta
Episodio siguiente: El sr. Monk y las tres Julies

El sr. Monk va al banco es el duodécimo episodio de la sexta temporada de Monk.

ArgumentoEditar

A altas horas de la noche, dos policías se encuentran fuera del banco West Bay Trust, extendiendo una multa para un coche que ha sido mal aparcado. Uno de los agentes menciona que el banco ha sido atracado el día anterior. Sin embargo, cuando va a redactar la multa, se da cuenta de que su bolígrafo no tiene tinta. Decidiendo no molestarse, los dos policías se alejan del lugar, comentando que el dueño del coche mal aparcado ha tenido suerte. Mientras tanto, en la cámara acorazada del banco, cuatro personas atrapadas gritan pidiendo auxilio: Adrian Monk, Natalie Teeger, el capitán Stottlemeyer y el teniente Disher.

Dos días antes, Monk y Natalie están preparando el desayuno en el apartamento de este. La ayudante se queja de que la tostadora quema los panes, y ruega a su jefe que compre una nueva. La discusión es momentáneamente interrumpida cuando ven en televisión la noticia del robo en el banco. Inmediatamente, Monk se da cuenta de que es su banco el que han atracado.

En el banco, Stottlemeyer anuncia que todos los empleados tendrán que prestar declaración sobre los sucesos del robo. Toma asiento en el despacho de Peter Crawley (el gerente) para interrogar a cada trabajador.

Según los empleados, un hombre con acento ruso y una sudadera verde entró en el banco a las nueve y cinco de la mañana. Forzó las cajas de seguridad y cogió todo el dinero. Vio que una de una de las cajeras, Jasmine, intentaba pulsar la alarma. La disparó en el hombro y luego salió corriendo con su botín.

En el exterior, Disher interroga a las personas que pudieron haber visto algo. Intenta hablar con un vendedor pero descubre que este llegó después del robo. A continuación, el teniente atisba una estatua viviente al otro lado del aparcamiento, y comprende que pudo tener una buena visión. Disher se acerca a él e intenta hacerle hablar, pero ninguno de sus intentos (sorprendiéndole, mostrándole su placa, e incluso poniendo dinero en su caja de colectas) consigue hacer que la estatua "cobre vida". Disher se muestra aliviado cuando suena la alarma del reloj del actor, anunciando su descanso. Este no se muestra muy contento por los gritos del teniente, pero menciona que vio al ruso merodeando por el aparcamiento justo antes del robo. La estatua viviente está a punto de explicar lo que vio tras sonar la alarma, cuando su reloj vuelve a pitar indicando el fin del descanso. El actor vuelve a quedar petrificado, mientras Disher intenta en vano conseguir que termine su declaración.

Minutos después, Monk y Natalie llegan al banco y el mayor miedo del detective se confirma: una pulsera perteneciente a Trudy, que él mismo había depositado en una caja fuerte, ha desaparecido. Monk jura que no descansará hasta haberla recuperado.

Después de haber examinado la escena del crimen y la grabación de seguridad, Monk hace un importante descubrimiento: el ruso tuvo un cómplice interno en el banco. El detective conoce el vestíbulo del banco como la palma de su mano; y menciona que, el día del robo, alguien movió una maceta para bloquear las cámaras, desconectó la alarma de la entrada, y abrió una puerta de seguridad del callejón trasero del banco.

Mientras tanto, en la comisaría, Disher practica para convertirse en una estatua viviente. Stottlemeyer muestra su desacuerdo, y Natalie hace todo tipo de cosas para intentar atraer la atención del teniente (haciéndole cosquillas, saltando sobre él, y metiéndole dos lápices por la nariz).

Decidido a identificar al cómplice interno, Monk acepta el puesto de guardia del banco para poder vigilar a la plantilla. Natalie le ayuda haciendo algunas suposiciones; pero Monk explica que el cómplice interno tuvo que ser lo suficientemente fuerte como para mover la maceta, lo suficientemente alto como para alcanzar el interruptor de la alarma, y lo suficientemente veterano como para tener una llave de la puerta. Algunos de los empleados cumplen un criterio, pero no todos. Sólo una persona, el gerente Peter Crawley, se ajusta a ese perfil. Posteriormente, el detective nota que Crawley ha comprado un nuevo Jaguar convertible, aunque lo mantiene en secreto: tiene el cuello quemado por el sol, y guarda el ticket de un aparcamiento subterráneo (a pesar de que tiene su propio espacio privado en el banco).

En efecto, cuando Monk y Natalie visitan la casa de Crawley, encuentran un Jaguar totalmente nuevo aparcado en el jardín delantero. Parece que sólo tienen que esperar a que salga Crawley, pero Natalie nota que algo está goteando por debajo del coche. Al principio piensa que es aceite; pero, tras mirarlo más de cerca, se da cuenta de que es sangre. Abren el maletero y dentro encuentran el cadáver de Crawley, con dos heridas de bala en la cabeza.

Stottlemeyer informa que han disparado al gerente con una pistola del calibre 22, probablemente la misma que usaron con Jasmine (sólo que ella no está muerta). Una búsqueda en la casa y el cadáver de Crawley no revelan la pulsera de Trudy, pero un ticket en el bolsillo del muerto les lleva a una tienda de empeños en Brisbane. Allí, Crawley empeñó algo tres horas después del robo. Nuevamente, la pulsera no aparece por ningún sitio; sin embargo, el dependiente menciona algo que atrae la atención de Monk: por lo visto, Crawley dijo tener otra "media caja" de joyas.

Siguiendo esta pista, Monk y Natalie regresan al banco después del cierre. Stottlemeyer y Disher están esperándoles. Madge, una de las cajeras, les deja entrar; y Monk explica lo que ha descubierto: los bienes robados nunca salieron del banco. Todavía siguen en una caja fuerte de la cámara acorazada (la única que el ruso no abrió). Descubren que esa caja pertenece a "J. A. Guar". Madge accede a registrar la caja, y va a por la llave dejando a los otros en la cámara. Mientras ella está ausente, Monk encuentra algo en una papelera: siete palillos de dientes, uno más corto que los demás. Con esto, el detective resuelve el caso, y comprende que tienen que salir de allí cuanto antes. Por desgracia, Madge le ha visto por la cámara de seguridad, y corre a cerrar la puerta de la cámara. Monk, Natalie, Stottlemeyer y Disher quedan atrapados dentro.

En el exterior, los dos policías se alejan del lugar sin haber extendido la multa. Dentro, Monk se tumba en el suelo y se prepara para morir asfixiado. Natalie le ruega que no pierda la calma, diciendo que sólo estarán atrapados allí una noche. Después de todo, el resto de la plantilla llegará por la mañana y les liberará. Tristemente, Monk advierte que eso no va a ocurrir. No hubo un cómplice interno... hubo seis.

El detective explica lo que ocurrió: nunca hubo ningún ruso. Los seis miembros de la plantilla escenificaron el robo como una obra de teatro. Es posible que Madge interpretara al atracador, y el resto de ellos hicieron de víctimas. Los empleados trabajaron codo con codo para mover la maceta, desactivar la alarma, y abrir la puerta. Después de haber metido todo el botín en una sola caja de seguridad, Madge huyó del banco para deshacerse de su disfraz y volver inmediatamente al trabajo.

Para que la historia fuera creíble, decidieron que uno de ellos tenía que recibir un disparo (aunque no mortal). Jasmine fue quien sacó la pajita más corta (en este caso, el palillo). Cuando Natalie pregunta por qué fue asesinado Crawley, Stottlemeyer sugiere que quizá los ladrones acordaron que no gastarían el dinero hasta haberlo dividido. Crawley no pudo resistir la tentación de comprarse un Jaguar nuevo.

Por la mañana, la plantilla decide no abrir la cámara acorazada: con la excusa de un fallo electrónico, despachan a todos los clientes que quieren acceder a sus cajas fuertes. Para acelerar el proceso, cortan el sistema de ventilación de la cámara.

Dentro, Disher fuerza la caja y encuentra el dinero y las joyas. Stottlemeyer encuentra la pulsera de Trudy y se la entrega a Monk.

Como no pueden conseguir ayuda del exterior antes de asfixiarse, Stottlemeyer decide que lo mejor que pueden hacer es abrir el panel de la pared, en el que quizás haya una línea telefónica. Sin embargo, todos sus intentos por romper el candado son en vano, hasta que Stottlemeyer ruega a Monk que le deje usar la pulsera. Monk accede, y el capitán usa los diamantes para cortar el candado de acero (destrozando, al mismo tiempo, la pulsera). Dentro no encuentran ninguna línea de teléfono, pero sí algo muy útil: los mandos del tablero de anuncios electrónico que hay en la fachada exterior del banco. Sabiendo que la estatua viviente está ahí fuera, Disher redacta un mensaje personalizado para él; y la estatua llama a la policía.

Unos días después los seis empleados han sido arrestados, y el nuevo gerente del banco da las gracias a Monk. Natalie aprovecha la oportunidad para conseguir una nueva tostadora (que el banco está regalando como parte de una promoción).

En la calle, la estatua viviente discute acaloradamente con su nuevo competidor: Disher. Una mujer deposita algo de dinero en la caja de colectas del teniente, y la estatua viviente original expresa su profundo odio por él.

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

Otros idiomasEditar

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