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El sr. Monk y el fin

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El sr. Monk y el fin es el decimoquinto y el decimosexto episodio de la octava temporada de Monk. Es una de las tres entregas dobles que hay en toda la serie, y sirvió como episodio final.

ArgumentoEditar

1ª parteEditar

El sr. Monk y el fin (1ª parte)
Fin1.png
Información
Número de episodio: 8.15 (124)
Título original: Mr. Monk and the end (part I)
Guionista: Andy Breckman
Director: Randy Zisk
Duración: 41 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 27/11/2009
Episodio anterior: El sr. Monk y la placa
Episodio siguiente: El sr. Monk y el fin (2ª parte)

El 14 de diciembre de 1997, el inspector Adrian Monk se viste para el trabajo mientras tararea un villancico. Su esposa, Trudy, le convenció para que la acompañara a una fiesta la noche anterior; y él declara que se lo pasó estupendamente. Ambos se dan un beso cariñoso. Monk nota que Trudy tiene algo en mente, pero ella le asegura que no es nada importante.

Cuando está a punto de marcharse, Monk encuentra un nuevo regalo bajo el abeto. Trudy le hace prometer que no lo abrirá hasta Navidad, y éste accede.

Poco después, esa mañana, Trudy entra en un aparcamiento. Un hombre de seis dedos la observa desde las escaleras. Notando la presencia de alguien, Trudy comienza a agobiarse y corre hacia su coche. Tras ponerse a salvo en el interior, introduce la llave en el contacto y... el coche estalla en pedazos.

Al otro lado de la ciudad, Monk y Stottlemeyer se reúnen con el doctor Malcolm Nash, el director del centro de maternidad de Palgrove. Hablan con él acerca de la desaparición de Wendy Stroud, una comadrona de la clínica. Nash asegura no tener ni idea de dónde se encuentra. Justo entonces suena el teléfono móvil de Stottlemeyer; y, segundos después de contestar, su rostro se torna sombrío.

Doce años después, suena el despertador de Monk. Este se despierta y presencia una visión de Trudy, quien le asegura que ya falta muy poco tiempo. También le reprende por aferrarse a sus recuerdos, hasta el punto de que sigue durmiendo en su lado de la cama vacía.

Ese mismo día, Monk y Natalie se reúnen con Stottlemeyer y Disher en el mismo centro de maternidad en el que recibieron la noticia de la muerte de Trudy. Sin embargo, esta vez la víctima es Malcolm Nash, el médico con el que hablaron doce años antes (durante la investigación de la desaparición de Wendy Stroud). Monk examina el lugar, y determina que el asesino de Nash es un profesional y que utilizó para algo su ordenador. El modus operandi del asesino, junto con una huella dactilar, apuntan a un sicario llamado Joey Kazarinski.

Monk y los demás visitan al juez Ethan Rickover en su casa, para pedirle que firme una orden de detención para Kazarinski. Rickover accede encantado y menciona que en una semana viajará a Sacramento, donde será nominado para el Tribunal Supremo del Estado.

Esa noche, Kazarinski recibe una llamada telefónica de su jefe, quien le asigna el deber de eliminar a otro objetivo: Monk. Cuando Kazarinski le pregunta el porqué, el hombre responde que Monk está atando cabos: está a punto de descubrir que fue él quien asesinó a Trudy.

Posteriormente, Natalie va al supermercado para hacer las compras junto a su nuevo novio, Steven Albright. Kazarinski aparece y toma "accidentalmente" su carrito de la compra durante unos segundos. Natalie no sospecha nada, y continúa con sus compras. Va a preparar una cena en la que Albright conocerá a Julie, así que obviamente está un poco nerviosa.

Monk es invitado a la cena. Al principio la conversación es fluida, pero entonces Monk comienza a sentirse mareado y a ver manchas borrosas. Steven, que es oficial médico, examina al detective y decide que lo mejor es llevarle al hospital inmediatamente. Allí, un doctor les explica que Monk ha sido envenenado con una toxina sintética. Sólo podrán preparar un antídoto cuando hayan identificado la fuente exacta del veneno. Sin ella, Monk morirá en dos o tres días.

Un equipo de técnicos examina cada centímetro de las casas de Monk y Natalie, pero no encuentran el origen del veneno. Natalie ve una ficha policial en las manos de Stottlemeyer, e identifica a Kazarinski como el hombre que cogió su carrito de la compra.

Sin la aprobación oficial, Stottlemeyer organiza un equipo improvisado para arrestar a Kazarinski y encontrar la fuente del veneno. Crea dos grupos: el primero (bajo el liderazgo de Disher) intentará averiguar quién contrató a Kazarinski para matar al doctor Nash. El segundo (con Stottlemeyer al mando) tratará de encontrar a Kazarinski para identificar la toxina que usó para envenenar a Monk.

El capitán comienza a interrogar a los socios conocidos de Kazarinski, y habla con un falsificador que (después de golpearle en la cabeza con un ordenador portártil) acaba confesando que preparó una documentación falsa para el sicario. Esto lleva a la policía hasta una estación de trenes.

Antes de entrar, Stottlemeyer da órdenes estrictas de que Kazarinski debe ser apresado vivo. Sin embargo, el sicario se da cuenta de que están tendiéndole una trampa (ve a una agente ajustándose el auricular) e intenta crear una distracción subiendo a la torre de control.

Disher y Stottlemeyer comprenden que algo va mal, cuando ven llegar un tren que no ha sido anunciado por los altavoces. El teniente corre hacia la torre de control, donde descubre que Kazarinski ha matado al locutor y le ha robado el uniforme. Disher intenta informar a Stottlemeyer del asesinato; pero no se da cuenta de que el micrófono está encendido y de que todos los viajeros de la estación están escuchándole también. Pronto cunde el pánico y todos comienzan a correr.

Stottlemeyer reconoce a Kazarinski entre la multitud, y le ordena que se detenga. El asesino huye, y el capitán le persigue por las vías hasta que termina quedándose sin aliento. Kazarinski está a punto de escapar de la estación... cuando un tren llega rápidamente y le arrolla, matándole al instante.

Con Kazarinski muerto, la última esperanza de Monk se ha desvanecido. Cancela todas sus citas con el doctor Bell; y saluda a Trudy en el cementerio una última vez, antes de reunirse con ella después de la muerte.

Natalie se niega a rendirse, pero Monk comprende que es hora de abrir el regalo de Trudy: una última señal de que su vida está agotándose. Sin embargo, dentro de la caja, el detective encuentra lo último que hubiera esperado: una cinta de vídeo con un mensaje que Trudy grabó el mismo día de su muerte. En él, la fallecida periodista confiesa que hay un secreto que nunca contó. Un secreto antiguo, de años antes de que Monk y ella se conocieran.

2ª parteEditar

El sr. Monk y el fin (2ª parte)
Fin2.png
Información
Número de episodio: 8.16 (125)
Título original: Mr. Monk and the end (part II)
Guionista: Andy Breckman
Director: Randy Zisk
Duración: 41 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 04/12/2009
Episodio anterior: El sr. Monk y el fin (1ª parte)

En el vídeo, Trudy confiesa que no siempre fue la mujer perfecta que cree Monk. En la universidad (antes de que ambos se conocieran) tuvo una relación con su adúltero profesor de derecho, Ethan Rickover; y quedó embarazada como resultado. Ella admite que fue una tonta, y que no amaba a Rickover: simplemente adoraba estar embarazada, y quedó abatida cuando su hija murió pocos minutos después de nacer.

Trudy grabó la cinta tras la desaparición de Wendy Stroud, que fue la comadrona que la asistió en el parto. Rickover, que no tuvo ninguna relación con Trudy en los siguientes quince años, la llamó el día previo a su asesinato y le pidió que se reuniera con él en un aparcamiento. Trudy, temiéndose lo peor, grabó el vídeo para que Monk lo viera en caso de que ella muriera.

Finalmente, doce años después, Monk sabe lo que ocurrió: Rickover atrajo a Trudy hasta el aparcamiento para matarla, temiendo que ella pudiera revelar su aventura (esto hubiera arruinado su nominación para el Tribunal de Apelaciones). Ahora, Monk sólo tiene un problema: no posee ninguna prueba.

Él y Natalie se dirigen a los juzgados para enfrentarse a Rickover durante una audiencia en la legislatura estatal. Al principio, el juez asegura no saber de qué está hablando Monk, y opina que el envenenamiento debe de haber afectado su cordura. El detective apenas puede controlarse, pero pierde los estribos cuando Rickover insulta la memoria de la fallecida: cuando le acusan de haberla seducido en la universidad, Rickover explica que muchas estudiantes se quedaban prendadas de él; y comenta que la inestabilidad mental es algo que Trudy y Monk tenían en común. Cuando se dispone a marcharse, Monk enloquece y se lanza sobre Rickover (antes de ser reducido por los guardias de seguridad).

En el hospital, la salud de Monk empeora por momentos. Stottlemeyer le hace una visita, explicándole que técnicamente está bajo arresto por haber agredido a un juez. Sin embargo, también le asegura que no descansará hasta que haya desenmascarado a Rickover. Monk piensa que el juez ha cubierto sus huellas demasiado bien, y que se saldrá con la suya. Le pide a Stottlemeyer que le mate en lugar de arrestarle, y este se lo promete (aunque, evidentemente, miente).

En el apartamento de Monk, Natalie y Steven empaquetan sus pertenencias. Cuando ella usa una de las toallitas de su jefe, súbitamente comienza a marearse y a ver manchas borrosas. Entonces, recuerda un detalle crucial: cuando se enfrentaron a Rickover en los juzgados, a Monk se le cayó una toallita y Rickover la recogió usando su bolígrafo. Esto significa que sabía que no debía tocarla con los dedos. Kazarinski no añadió el veneno a los alimentos del carrito de Natalie, sino a las toallitas de Monk.

En el hospital, Monk revisa unos recortes de periódicos sobre el reciente ascenso de Rickover al Tribunal Supremo. Cuando una enfermera llega para tomarle una muestra de sangre, ve los recortes y menciona que ha estado siguiendo la historia. Monk explica que el hombre es un adúltero, y la enfermera opina que eso no es nada del otro mundo (el adulterio ya no es algo tan chocante como antes). Monk comprende que tiene razón, y que Rickover debió de tener un móvil más poderoso para asesinar a Trudy.

Con una fuente de origen, el hospital ya puede preparar un antídoto para el veneno de Monk y Natalie. Stottlemeyer se muestra muy contento al enterarse de esto, pero Disher le da una mala noticia: Monk ha escapado del hospital, después de haber drogado al guardia y haberle quitado la pistola. Stottlemeyer y Disher corren inmediatamente hacia su coche.

En el jardín de su casa, Rickover se baja de su coche para encontrar a Monk apuntándole con la pistola. Bajo una lluvia torrencial, el detective le lanza una pala y le ordena que cave.

Habiendo supuesto dónde se encuentra Monk, Stottlemeyer y Disher conducen hacia la casa de Rickover y allí encuentran a ambos hombres. Monk se niega a bajar la pistola hasta que el juez haya terminado de cavar. Mientras tanto, explica lo sucedido: cuando visitaron la casa de Rickover, este dijo que jamás se mudaría de San Francisco (aunque ello supusiera conducir todos los días hasta Sacramento). Monk también vio un gran reloj de sol en el jardín, colocado justo debajo de un árbol frondoso: un lugar estúpido.

Stottlemeyer y Disher finalmente convencen a Monk de que baje el arma, y Disher sustituye a Rickover en la tarea de cavar. Después de unos minutos, encuentra lo que Monk había esperado: un esqueleto.

Monk explica que, en 1997, Wendy Stroud (la comadrona desaparecida) encontró la religión y le dijo a Rickover que no quería seguir ocultando la verdad durante más tiempo: ella había asistido el parto de la hija ilegítima del juez. Cuando Wendy anunció que iba a contárselo todo a la prensa, Rickover la mató y ocultó el cuerpo en su jardín (bajo el reloj de sol). Después, comprendiendo que la única persona que podía vincularle a la desaparición de Wendy era Trudy, decidió matar a esta también. Doce años más tarde, cuando el doctor Nash comenzó a pasar a ordenador los antiguos registros de su clínica, encontró una referencia al bebé y se reunió con Rickover en secreto. Por esto, él también tuvo que morir.

Arrinconado, Rickover confiesa. Monk vuelve al levantar la pistola, inundado por el odio. Stottlemeyer y Disher intentan calmarle, mientras este increpa a Rickover que mató a dos mujeres por un simple cargo. El veneno hace que Monk se retuerza de dolor y comience a toser, obligándole a apoyar la pistola en el reloj de sol. Rickover la alcanza y, antes de que Stottlemeyer y Disher puedan hacer nada, se la lleva a la cabeza y aprieta el gatillo (no sin antes pedirle a Monk que "cuide de ella").

Monk y Natalie son sometidos al antídoto y se recuperan. Unos días después, el detective acude a su sesión habitual con el doctor Bell. Allí admite que, por algún motivo, sigue sin sentirse totalmente satisfecho. El psiquiatra opina que es normal: durante doce años, Monk ha seguido adelante con el único objetivo de hallar al asesino de Trudy. Ahora que todo ha acabado, el detective no sabe qué hará a continuación. Bell le aconseja que no fuerce las cosas, sino que descanse y vea qué le depara el futuro.

En su apartamento, Monk sella la caja con los archivos del caso de Trudy, y Natalie escribe en ella "caso cerrado". Revisando la información sobre la desaparición de Wendy Stroud, Monk encuentra un artículo que dice que, el mismo día en que murió la hija de Trudy, la comadrona dio en adopción a una niña en un orfanato. Sorprendido, el detective comprende el significado de las últimas palabras de Rickover: aunque Trudy nunca lo supo, su hija aún sigue viva.

Con la ayuda de Stottlemeyer, Monk localiza a la niña, Molly Evans (ahora tiene veintiséis años y trabaja como crítica de cine). Después de conocer su pasado, Molly accede a conocer a Monk, y entre ellos surge inmediatamente un fuerte lazo. Ella quiere saberlo todo acerca de Trudy, y él está encantado de compartirlo con ella.

Sintiendo que por fin tiene todo lo que necesita, Monk informa a Molly de que quiere dejar su trabajo y dedicar su vida a "verla crecer". Entre risas, Molly señala que ya es una adulta; y luego le recuerda que él tiene un don. Le aconseja que continúe usándolo para "ayudar a otras Trudys".

Otro día, tras encontrar unos billetes de avión en el bolsillo del abrigo de Disher, Natalie y los demás le preguntan si está planeando abandonar San Francisco. El teniente explica que ha aceptado un puesto de jefe de policía en Summit, y que él y Sharona van a vivir juntos. Encantado, todo el mundo le desea lo mejor (especialmente Stottlemeyer).

En el apartamento de Monk, Natalie se asombra al ver que su jefe está adquiriendo unos nuevos hábitos: ya duerme en el centro de la cama, y además él y Molly están planeando ver una película. Natalie se siente emocionada, pero el detective le advierte que verán la película que pongan en el décimo canal (que es un número redondo). Justo entonces llama Stottlemeyer, solicitando la ayuda de Monk en un nuevo caso. Antes de salir del apartamento, el detective vuelve a la cocina y comprueba que no se haya dejado la lumbre encendida.

En su casa, Stottlemeyer se prepara para ir a trabajar. Comparte un beso cariñoso con su esposa y, antes de salir, encuentra en el sofá un cojín en forma de corazón que reza "Leland y Trudy".

Por su parte, Disher llega su despacho en Summit y se sienta en su nuevo escritorio, donde una fotografía de Sharona ocupa el lugar más privilegiado.

Por fin, Stottlemeyer se reúne con Monk y Natalie en la escena del crimen, y juntos se disponen a hacer lo que mejor saben hacer: resolver crímenes.

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

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