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El sr. Monk y la maldición vudú
Vudú
Información
Número de episodio: 8.07 (116)
Título original: Mr. Monk and the voodoo curse
Guionista: Joe Toplyn
Director: Andrei Belgrader
Duración: 42 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 25/09/2009
Episodio anterior: El sr. Monk y el crítico
Episodio siguiente: El sr. Monk va a terapia de grupo

El sr. Monk y la maldición vudú es el séptimo episodio de la octava temporada de Monk.

ArgumentoEditar

En un pequeño campo de béisbol, un entrenador llamado Chauncey aconseja a Petey Cunningham, un niño de doce años, que no despegue los ojos de la pelota. Mientras Petey sostiene su bate, la anciana Martha Murphy rodea el campo llevando pesas en ambas manos. Chauncey le pide, entre bromas, que les acompañe; y Martha le pregunta si está intentando matarla. Ella sigue caminando, y Petey reúne todas sus fuerzas para enviar la pelota por encima de la verja. Uno de los niños va a recogerla, y descubre que la pelota ha golpeado a Martha en la cabeza, matándola.

Tres días después, los familiares de Martha llegan desde Denver para empaquetar sus pertenencias. El marido de la nieta encuentra algo realmente interesante: un muñeco en una caja, con una pelota de béisbol pegada a la cabeza. Es un muñeco vudú, y tiene un matasellos de tres días antes de que Martha muriera.

Al día siguiente, el capitán Stottlemeyer llama a Monk para que investigue. El capitán reconoce que el caso del muñeco vudú es el más extraño que ha visto en toda su carrera. Sin embargo, Monk se siente distraído porque la sala de la brigada ha sido reorganizada. Después de obligar a los policías a restaurar la sala a su estado original, Monk finalmente consigue atender a las palabras de Stottlemeyer. El teniente Disher confirma que el matasellos de la caja del muñeco era auténtico, y fue enviado desde un buzón de Nob Hill.

Interrogan al equipo de béisbol, que no ha sido acusado de nada porque todo fue un accidente. Monk averigua que las pelotas nunca suelen superar la verja. Ya que nadie puede explicar cómo el muñeco vudú predijo la muerte de Martha, Natalie comienza a creer que este tiene auténticos poderes mágicos.

Cada uno de ellos presenta una teoría sobre cómo creen que ocurrió el incidente. Disher piensa que alguien pudo esconderse entre unos matorrales con una máquina de lanzar pelotas, y esperó hasta que la anciana pasó por allí. Stottlemeyer especula que podría haber sido un suicidio; pero el seguro de Martha no tenía ninguna cláusula de suicidios, así que lo hizo parecer un accidente (recogió la pelota y se golpeó ella misma en el cráneo). Rápidamente, Natalie echa abajo todas las teorías. Ni siquiera Monk puede explicarse lo ocurrido.

Justo entonces, Disher recibe un aviso de que han encontrado otro cadáver con otro muñeco vudú. Enseguida, llegan al apartamento de un jugador de golf llamado Ralph Farris. Uno de los agentes les muestra un recorte de periódico de unos días antes. Parece que, días atrás, Ralph estaba jugando al golf durante una tormenta y le alcanzó un rayo, matándole al instante. Vivía solo, así que nadie ha encontrado el muñeco (que tiene un relámpago pegado a la cabeza) hasta esa misma mañana.

Como con Martha Murphy, el muñeco fue enviado unos días antes. Monk está perplejo: por mucho que lo intenta, no es capaz de explicar cómo alguien podría haber organizado ninguna de las muertes. Mientras tanto, Natalie comienza a asustarse y Monk se encuentra a sí mismo tratando de tranquilizarla.

A la mañana siguiente, Natalie se presenta en el apartamento de Monk y le comunica que se van de vacaciones a Santa Bárbara. Incluso finge llamar a Stottlemeyer, pero el detective señala que ha desconectado el teléfono que ella está usando. Natalie se ve obligada a admitir que el capitán le ha llamado una hora atrás para informarle de que se ha producido una tercera muerte con muñeco vudú.

En un lujoso apartamento, Stottlemeyer y Disher conversan con Angeline Dilworth, la sobrina de la última víctima (un anciano de sesenta y cuatro años llamado Robert Boyd, y fundador de una empresa de telefonía móvil). Cuando consigue calmarse, Angeline les explica que estaba sola en la casa cuando su tío murió, y que intentó hacer todo lo que pudo (es enfermera). Stottlemeyer encuentra algunas pastillas de nitroglicerina, y Angeline confirma que su tío sufría una enfermedad cardíaca. El médico forense pide permiso a Stottlemeyer para llevarse el cuerpo, pero este quiere que Monk vea la escena intacta. Cuando llegan él y Natalie, esta se niega a entrar en la casa. Como las supersticiones no tienen ningún efecto sobre él, el detective entra solo.

Allí, Stottlemeyer se sorprende al descubrir que Monk es el más valiente de los dos. Él y Disher resumen lo ocurrido con Boyd, y explican lo que piensan que pasó: resulta que Boyd estaba obsesionado con los asesinatos vudú, y seguía el caso en las noticias. Incluso había repartido varios amuletos de la buena suerte por toda la casa. Estaba revisando su correo y ha encontrado un muñeco que le representaba con el corazón roto... e inmediatamente su corazón se ha parado.

Monk nota que una de las herraduras de caballo está mal colocada, e informa a Angeline de que debería estar al revés para dar buena suerte. Natalie se niega a entrar en el apartamento, y Monk no puede seguir investigando porque ella decide irse a casa.

Todos los muñecos han sido rastreados hasta la misma tienda: la botica del vudú del reverendo Jorgensen. Stottlemeyer y Disher interrogan al vendedor en su establecimiento, cuyo nivel de ventas ha subido gracias a las historias sensacionalistas sobre los asesinatos. Stottlemeyer muestra a Jorgensen uno de sus anuncios, y le sugiere que tiene un móvil evidente: la publicidad. Sin embargo, no entiende cómo es posible que las tres muertes sean asesinatos.

Mientras tanto, Monk va a visitar a Natalie. La encuentra en sus escaleras, en estado catatónico. Ella señala su cocina. Monk entra y encuentra una caja con un muñeco vudú. Cuando lo coge para examinarlo mejor, la cabeza se desprende. En un primer momento, Monk piensa que se ha roto durante el envío; pero al estudiarla más de cerca nota que ha sido cortada con un bisturí. Sólo puede significar una cosa: Natalie va a morir decapitada.

Monk intenta razonar con ella, y esta le explica por qué cree en el vudú: cuando ella y Mitch vivían en un apartamento en Carolina del Sur, una de sus vecinas decía ser una hechicera de vudú. La mujer advirtió a Natalie de que su marido estaba en peligro, pero esta no la creyó. Al día siguiente, Mitch fue derribado en Kosovo.

Stottlemeyer y Disher llegan a la casa para recoger el muñeco vudú. Puesto que Natalie no quiere salir de su habitación, Disher decide acompañarla como su guardaespaldas. Esa noche, Natalie no puede dormir: se alarma al pensar que el ventilador de su techo podría caerse y decapitarla.

Por la mañana, Disher intenta abrir un bote de galletas de jengibre, pero no encuentra ningún cuchillo con el que hacer palanca (Natalie los ha tirado todos a la basura). Finalmente usa una espátula, y asusta momentáneamente a Natalie cuando da un mordisco a la cabeza de la galleta.

En la comisaría, Monk habla con Stottlemeyer acerca del caso. El capitán menciona que, ahora que la historia se ha hecho pública, mucha gente está recibiendo muñecos vudú por correo. Ambos están desconcertados: la escritura de todos los paquetes es idéntica, lo que significa que la misma persona envió todos los muñecos. Sin embargo, el FBI no ha podido encontrar ninguna conexión entre Natalie, Martha Murphy, Ralph Farris y Robert Boyd. El único factor en común es Jorgensen, quien sería su principal sospechoso si no tuviera una coartada para las tres muertes.

Monk encuentra dos pistas interesantes: quienquiera que envió los cuatro paquetes escribió las direcciones en etiquetas, en lugar de hacerlo directamente en la caja. Otro detalle extraño es que escribió mal el apellido de Natalie: "Teager" en vez de "Teeger".

Temiendo por su vida, Natalie accede a que Jorgensen realice un ritual para romper la maldición. Sin embargo, todo se complica cuando una inquieta Natalie se bebe la poción que el reverendo le ha preparado (poción que se suponía que debía aplicarse sobre la piel). La poción es tóxica, así que Monk llama una ambulancia. El detective se sorprende al ver que una de las médicas es Angeline Dilworth. Jorgensen intercambia un saludo con ella, que resulta ser una de sus clientas.

En su furgoneta, Jorgensen y Monk siguen la ambulancia hacia el hospital. El detective recuerda algo: Angeline no es sólo la sobrina de Robert Boyd, sino que también era una de las enfermeras en la escena de Ralph Farris (la segunda víctima). Cuando Jorgensen confirma que Angeline ha comprado unos cuantos muñecos en su tienda, Monk resuelve el caso: la única persona que murió asesinada fue Robert Boyd, el tío de Angeline. Las primeras dos muertes no fueron otra cosa que extraños accidentes, y Angeline los usó para disfrazar su verdadero objetivo.

Para crear el efecto vudú, Angeline se envió varios paquetes a sí misma, para que el matasellos tuviera algunos días de antigüedad. Luego esperó pacientemente a que sucedieran los accidentes adecuados (los que no pudieran ser etiquetados como muertes naturales ni asesinatos). Las dos veces que Angeline fue llamada a las escenas de los accidentes, averiguó las direcciones de las víctimas y les quitó las llaves. Luego personalizó cada muñeco de la tienda de Jorgensen, y se coló en las diferentes casas para colocarlo a la vista. Esto ocurrió tanto con Martha Murphy como con Ralph Farris. Habiendo creado la ilusión de que ocurrían sucesos paranormales, se dispuso a envenenar su tío. No fue difícil: siendo enfermera, Angeline usó una droga indetectable para hacerlo parecer un infarto.

Posteriormente, colocó varios amuletos de la suerte en la casa de su tío, para que pareciera que este era un hombre supersticioso.

El reverendo Jorgensen queda profundamente decepcionado: ahora que Monk ha resuelto el caso, nunca más volverá a vender otro muñeco vudú.

Dentro de la ambulancia, Natalie se da cuenta de que Angeline está detrás de todo: ha escrito "Teager" en vez de "Teeger" en su ficha de paciente. Natalie retrocede, atemorizada, y Angeline capta su miedo. Ataca a Natalie; y Monk, viendo que las dos mujeres están peleándose dentro de la ambulancia, ordena a Jorgensen que choque contra ellos. El reverendo lo hace, empujando la ambulancia hacia la acera. Habiendo reducido a Angeline, Natalie sale de la parte posterior de la ambulancia y cae en los brazos de Monk.

Al día siguiente, el detective explica a Natalie que Angeline le envió un muñeco vudú para distraer la atención de la policía (después de que el propio Monk comenzara a sospechar que Boyd no era supersticioso). Natalie se siente aliviada porque las supersticiones han resultado ser falsas, y Monk la reprende por ser tan irracional (aunque, al mismo tiempo, sigue tocando todos los parquímetros junto a los que pasa).

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

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