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El sr. Monk y la placa
Placa.png
Información
Número de episodio: 8.14 (123)
Título original: Mr. Monk and the badge
Guionista: Tom Scharpling
Hy Conrad
Director: Dean Parisot
Duración: 41 min. (aprox.)
Fecha original de emisión: 20/11/2009
Episodio anterior: El sr. Monk es el padrino
Episodio siguiente: El sr. Monk y el fin

El sr. Monk y la placa es el decimocuarto episodio de la octava temporada de Monk.

ArgumentoEditar

El capitán Stottlemeyer llama a Monk a su despacho para darle una importante noticia. El detective se teme lo peor; y Stottlemeyer elige mal las palabras, al decirle que el departamento ha decidido no volver a usar sus servicios como asesor. Antes de que pueda terminar, Monk sale precipitadamente del despacho y Natalie muestra su enfado con Stottlemeyer y Disher. El capitán se ve forzado a seguir a Monk hasta el vestíbulo, donde le explica que la noticia es buena: el departamento ha aprobado su reincorporación. Stottlemeyer devuelve a Monk su antigua placa, y le da la bienvenida al cuerpo.

Monk se siente nervioso y emocionado por su primer día de trabajo tras más de diez años. Antes de despedirse de su antiguo jefe, Natalie explica que ha conseguido una entrevista de trabajo (para un puesto de secretaria). Cuando el detective se despide de su ayudante, comprende que ese podría ser el final de su amistad.

En la comisaría de policía, Monk recibe una cálida acogida por parte de sus compañeros agentes. En el pase de lista matinal, Stottlemeyer da oficialmente la bienvenida a Monk; y luego explica a sus agentes que se ha producido un avance en el caso del "asesino de la piqueta" (el nuevo asesino en serie de la ciudad). Una mujer que vivía junto a la quinta víctima ha aportado una descripción del criminal y todos los detalles al dibujante.

Poco después, Stottlemeyer lleva a Monk a su antiguo escritorio. El detective cuelga su foto de Trudy y se prepara, pero el capitán explica que prometió ante el comité de revisión que le tendría un par de días en trabajos de oficina. Después, le trasladará a otra brigada (como exige el protocolo). Monk se muestra de acuerdo, y un agente llamado Russell DiMarco le trae su ordenador y su teléfono. DiMarco es un gran fan del detective, y le pide una de sus toallitas como recuerdo. Monk se siente claramente incómodo con el ordenador.

Posteriormente, Monk mata el tiempo apilando lapiceros y limpiando incesantemente su placa. Salta una señal, pero Monk es incapaz de averiguar de qué se trata. Finalmente, se las arregla para descolgar el teléfono y ponerse el auricular. Al otro lado de la línea, alguien anuncia que sabe quién es el "asesino de la piqueta". Monk pone la llamada en espera, pero es interrumpido cuando un emocionado DiMarco le informa de que el asesino en serie ha sido arrestado. Monk intenta poner buena cara, pero está claramente decepcionado porque el caso se ha cerrado sin su ayuda.

Esa noche, en el ayuntamiento, Stottlemeyer organiza una rueda de prensa para anunciar que han arrestado al "asesino de la piqueta", un hombre llamado Richard Mathis, en su casa y sin ninguna incidencia. Monk se reúne con otros policías en un bar, y juntos ven la conferencia por la televisión. Stottlemeyer presenta a Mikhail Alvanov, el limpiacristales que es "el héroe del momento". Mikhail explica a la prensa lo que vio: estaba en el edificio Burkman haciendo su trabajo, cuando divisó un coche en la calle. Vio la piqueta en el interior del vehículo, y anotó su número de matrícula para entregársela a un guardia de tráfico. Como recompensa, Mikhail ha recibido quinientos mil dólares.

Una semana después, Monk sale de la oficina y es asignado a una patrulla policial en la otra punta de la ciudad. Su nuevo jefe, el sargento Danny Weaver, no se parece en nada a Stottlemeyer. Tampoco su nuevo compañero, el detective Louis Doyle. Monk comienza a sentirse más solo que nunca.

El detective también descubre que su deber no sólo consiste en investigar homicidios, sino también en responder a las más mundanas emergencias de la ciudad: una de ellas proviene de una mujer llamada Edith Capriani, quien declara que un tal "señor Barton" ha intentado asfixiarla en su cama. Capriani asegura que Barton sigue dentro de la casa, así que Monk entra por la puerta delantera mientras Doyle cubre la parte trasera. Dentro, Monk coge su pistola e intenta forzar la puerta. Finalmente descubre que está abierta, y se dirige al salón. Allí encuentra un gato, y Capriani entra corriendo para explicarle que Barton es su gato. Cuando Monk se acerca a la ventana para llamar a Doyle, divisa el edificio Burkman (cuyas ventanas estaba limpiando Mikhail cuando vio el coche del "asesino de la piqueta").

Natalie ha conseguido el trabajo como secretaria de un promotor de conciertos, y habla con Monk por teléfono. Se felicitan mutuamente, pero su conversación es breve porque comprenden que no tienen mucho que contarse.

Monk comienza a sospechar de la historia de Mikhail Alvanov, así que se toma un descanso de su trabajo para investigar el lugar desde el que el limpiacristales vio el coche de Mathis. Monk rápidamente comprueba que es imposible que Mikhail viera nada desde tanta altura, y con el sol dándole en los ojos. El detective comparte esta información con Weaver, pero queda claro que este no quiere considerar ninguna teoría que interfiera con la exitosa resolución del conocido caso. Después de todo, Mathis confesó los cinco asesinatos, y la policía encontró los restos de sus víctimas en el ático.

Esa noche, Russell DiMarco se reúne con Mikhail Alvanov en un aparcamiento solitario. Mikhail entrega a DiMarco una bolsa (tal y como han acordado), pero finalmente le dispara, recupera la bolsa y sale corriendo. DiMarco cae al suelo y muere.

La policía deduce que DiMarco presenció un crimen de camino a su casa, intentó intervenir, y fue asesinado. Sin embargo, Monk encuentra una pista: un vale para comida de perro en la mano de DiMarco, del mismo tamaño que los billetes de dólar. Monk sospecha que DiMarco se reunió con alguien para recibir un pago ilegal, y que este le engañó al entregarle unos billetes falsos y matarle. Esta teoría convierte a Monk en un paria, ya que los policías deben defender la integridad de sus agentes. Weaver ordena al detective que no plantee su teoría hasta que esté totalmente seguro de ella.

Esa noche, Edith vuelve a llamar a Monk y a Doyle. Esta vez dice que el señor Lawrence, que vive en el piso de arriba, ha enloquecido. Monk piensa que es otro gato, pero no tarda en descubrir que es un hombre (cuando este rompe la ventana y comienza a gritar).

Stottlemeyer y Disher acuden al velatorio de DiMarco, donde se encuentran los otros agentes. Comprenden que Monk está allí cuando ven que la ensalada de frutos ha sido reorganizada. Lo encuentran en el baño, asegurándose de que DiMarco no tuviera un perro. Stottlemeyer explica que, hasta el momento, no han encontrado ninguna mancha en el historial del fallecido (pero seguirán investigando).

Monk encuentra una petición de pasaporte para las islas Caimán, y se acerca a la mujer de DiMarco. Cuando le explica que DiMarco estaba planeando hacer un viaje y compró los billetes una semana atrás, Stottlemeyer se ve obligado a sacarle de la casa rápidamente.

Durante una sesión con el doctor Bell (quien apoyó la reincorporación), Monk admite que era más feliz como asesor privado. Durante doce años, sólo quiso volver al cuerpo; y ahora que lo ha conseguido, echa de menos muchas cosas: su amistad con Stottlemeyer y Disher, la asistencia de Natalie, y la libertad que tenía para escoger los casos y expresar sus pensamientos en voz alta.

Para poder continuar siendo agente de policía, Monk comprende que debe demostrar sus acusaciones contra DiMarco. Esa noche, se sienta en su escritorio y saca brillo a su placa. El conserje, Sam, llega con una caja con los efectos personales de DiMarco (encontrados en su taquilla). Monk los revisa y encuentra un libro de multas con algunos números marcados. Usa un lápiz para averiguar la matrícula de un coche: 447-PCE, el número del vehículo de Mathis. También encuentra una gorra de béisbol con el logo del equipo en el que Mikhail Alvanov jugó en el pasado.

Al día siguiente, Monk visita a Mikhail; quien le explica que va con retraso y le invita a hablar con él en la plataforma ascendente. Mikhail explica que se retirará en dos semanas, y pregunta al detective qué es lo que desea. Monk le responde que ha averiguado que él y DiMarco estuvieron en el mismo equipo de béisbol. Cuando Mikhail se da cuenta de que Louis Doyle no conoce la teoría, decide golpear a Monk hasta dejarle inconsciente.

Cuando Monk recupera la consciencia, y a pesar de su miedo a las alturas, explica lo ocurrido: mientras ponía multas de tráfico, DiMarco encontró el coche de Mathis y vio la piqueta en el asiento trasero. Acababa de hallar al asesino más buscado de San Francisco, pero tenía un problema: como policía, no podría recibir la recompensa que ofrecía el ayuntamiento. Así pues, reclutó a Mikhail (un viejo amigo del equipo de béisbol de su instituto) y le dio la información, prometiéndole que se repartirían la recompensa. Sin embargo, Mikhail se volvió codicioso y mató a DiMarco para quedarse con todo el dinero. La prueba está en el libro de multas de DiMarco: apuntó el número de la matrícula, pero no llegó a poner la multa.

Monk ha resuelto el caso, pero ahora tiene un problema mayor: Mikhail saca una pistola y le ordena que salte de la plataforma. Su idea es hacer que la muerte parezca un accidente, por lo que se coloca el arnés y comienza a sacudir la plataforma. A continuación, eleva un extremo y Monk comienza a deslizarse hacia abajo. El detective consigue agarrarse al borde de la plataforma, alcanzando después el mando y haciendo que se eleve el extremo opuesto. Mikhail cae de espaldas, mientras Monk le quita la pistola y hace que la plataforma descienda hasta el nivel de la calle. Los otros detectives, comprendiendo que Monk tenía razón desde el principio, ponen a Mikhail bajo custodia.

Un tiempo después, Monk devuelve su placa. Se muestra decepcionado porque su regreso al cuerpo no ha durado, pero ahora sabe que no necesita una placa para ser feliz: podrá seguir resolviendo crímenes según su método propio y genuino. Sonriente, Stottlemeyer informa a Monk de que tiene una sorpresa esperándole en el vestíbulo. Este sale y ve a Natalie, quien admite haber echado de menos su trabajo como ayudante: ha renunciado a su puesto como secretaria para volver a estar junto a Monk.

Personajes y repartoEditar

Enlaces de interésEditar

Otros idiomasEditar

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